EL PASTORCITO

La imagen del Niño que lleva en brazos actualmente Nuestra Señora del Rocío, es de una fecha posterior a la de la Virgen.
Así como la Virgen se viste de Pastora cuando va a visitar, cada siete años, a sus hijos de Almonte, el Niño Jesús, se atavía con el mismo atuendo, siguiendo una antigua tradición.
El Divino Pastorcito se toca con un bello sombrero, ciñe la zamarra de cordero y porta el cayado en su mano derecha.
Se convierte en el auténtico Pastor de las almas rocieras, bajo la atenta mirada de su Madre Santísima, la Pastora de las Marismas.
En tiempos existió, cerca de la puerta principal del Santuario, una fuente, llamada del Pastorcito del Rocío, de la que se conserva un bellísimo azulejo.
El pueblo también cantó y sigue cantando por sevillanas esta divina advocación, tratada con especial ternura.
Las Sevillanas que el rociero dedica al Niño, al Pastorcito, son para muchos las más bonitas. Las que se oyen quizá con más emoción, con más brillo en los ojos, con más tierna sonrisa.
He aquí sólo una pequeña muestra de alguna de ellas:
“La Virgen del Rocío
canta una nana.
Se la enseñó su Mare,
Señá Sant`Ana.
Canta bajito,
que ya se está durmiendo
el Pastorcito”.
“La Virgen del Rocío
se está riendo
porque el Niño le ha dicho
Cuéntame un cuento.
No sé ninguno.
Aunque sea de mentira
cuéntame uno”.
“El Niño de la Virgen
es la reoca.
Cuando besa a su Mare
la vuelve loca.
¡Ay qué locura,
cuando la Mare besa
la Criatura!”.






