Un testimonio que venía en un blog amigo, me ha parecido precioso.
Testimonio precioso 
“Reflexiones de una madre que cree en el maravilloso milagro de la vida.”
La fe, la fortaleza, el amor, es lo que los padres de Amillia han aportado a ese ser tan chiquitito. La han alimentado con un alto grado de esperanza y todo ello ha sido ampliamente recompensado por el Altísimo.
“Reflexiones de una madre que cree en el maravilloso milagro de la vida”
Si es sobrecogedor entrar en el mundo de las emociones, más lo es cuando entramos, si podemos, en el alma de las personas de fe.
Una vez más, un acto de fe ha conseguido que floreciera la vida. Vida, que por cierto, para algunos no tiene el valor necesario como para luchar por ella, o dejarla seguir su curso.
La lección que hemos recibido millones de teleespectadores ante la noticia de la niña prematura Amillia, creo que debería ser suficiente como para que nos parásemos un poco a pensar en ese “no nacido”. Ese no nacido que siente, que tiene vida y que “él”, muy pequeñito, se esfuerza en el útero materno para hacerse un hueco confortable. Hueco, que como digo anteriormente, una parte de la sociedad le niega y que a su vez quiere comprar voluntades para que les sigan, otros muchos, en su maligno intento de hacer creer a los demás que esos seres diminutos ni sienten ni padecen. Es decir, que no tienen voz, por consiguiente no tienen voto, por consiguiente no existen. Tremenda “macabridad” esa, ya que, es triste poner fin a algo tan maravilloso como es el milagro de la vida.
Vida, que esa madre que interrumpe, unas veces aletargada o agobiada; otras, manipulada o mal informada y, no pocas veces, llenas de miedo, a un presente y futuro próximo. Por todo este cúmulo de circunstancias, para ellas adversas, se dejan vencer y destruyen lo que llevan dentro. No saben bien que ese “asesinato”será su compañero a la largo de toda su existencia.
Conozco a una madre que es toda una aflicción. Pasó por un momento que pudo ser maravilloso y lo convirtió en trágico: acabó con la vida de su hijo no nacido. Tenía ocho semanas. Ahora tiene una vida atormentada.
Un poco más tarde, pude entrar en el “alma” de otra joven madre y hoy, ella sola, abandonada por su marido, sale adelante, muy orgullosa de esa niña que nació y ambas se dan fuerzas día a día.
La fe, la fortaleza, el amor, es lo que los padres de Amillia han aportado a ese ser tan chiquitito. La han alimentado con un alto grado de esperanza y todo ello ha sido ampliamente recompensado por el Altísimo.
Su hija sale adelante cuando nadie lo podía ni imaginar y ellos se sienten inmersos en la felicidad que les proporciona el hecho de una vida nacida.
Mamás, quizás vuestros bebés, aún no nacidos, si los dejáis venir al mundo, os puedan aportar, de eso estoy segura, un regalo maravilloso; sus vidas al lado de las vuestras. Cosa que hoy día y con los tiempos que corren, ahí no es poco.
Ana María Florín Guerrero





Me encomiendo a Ella, para que desde aquí pueda hacer un bonito blog